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¿Ventilando los Trapitos al Sol? Los Límites entre la Libertad de Expresión y la Obligación de Reserva

Una reciente sentencia de un Juzgado Letrado condenó al Estado a indemnizar a una funcionaria (la “Funcionaria”) que habría sufrido acoso laboral luego de denunciar públicamente presuntas carencias existentes en el Instituto Nacional del Cáncer (“INCA”).

Durante años la Funcionaria se había desempeñado diligentemente como asistente social del INCA. Pero las relaciones humanas han sido siempre complejas desde que el hombre es hombre. La Funcionaria fue cobrando vuelo en sus tareas, y las rispideces no tardaron en aflorar. Para entonces el conflicto se había escapado de las manos, para transformarse en una bola de nieve incontenible, sumarios varios de por medio.

El caso tuvo múltiples aristas, algunas de las cuales fueron ya comentadas desde este mismo Newsletter.

En lo que ahora importa, la Funcionaria había llevado el tema a la prensa, cuyos titulares hablaron de “crisis institucional” e hicieron referencia a irregularidades por sobre-facturaciones. La Administración se agravió, por entender que la Funcionaria había faltado a sus deberes de lealtad, al ventilar públicamente cuestiones reservadas a la relación laboral.

La Justicia rechazó el planteo de la Administración. En opinión del Juez actuante, todo funcionario público puede expresarse en forma legítima sobre la gestión de sus jerarcas; y puede también denunciar faltas de servicio, pues conviene al interés general tomar conocimiento de eventos de trascendencia social.

Sobremanera cuando la información revelada no contiene ningún dato sensible relativo a pacientes ni a médicos, sino que hace estrictamente al servicio. La (fundada) tesis de la (magnífica) sentencia es lapidaria y nos exime de mayores comentarios: “la Administración no puede pretender regimentar la opinión de sus dependientes” (…); el secretismo es ajeno por completo al sentido republicano”, y “en el Estado de Derecho cualquier funcionario puede dar opinión respecto de lo que entiende es el mal funcionamiento del servicio en que trabaja; de hecho. lo hacen los sindicatos todos los días (…)”.